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Transición Agronómica: El Rol de los Fertilizantes Verdes en la Competitividad Agroindustrial

24 julio, 2026

El café colombiano es un referente indiscutible de calidad en los mercados internacionales, pero detrás de cada saco exportado existe una vulnerabilidad estructural que amenaza los cimientos del sector: nuestra alta dependencia de insumos extranjeros. En un escenario global marcado por crisis geopolíticas, disrupciones logísticas y exigencias ambientales cada vez más estrictas, la competitividad de nuestra agroindustria está a prueba. Proteger a Colombia y asegurar el futuro de la caficultura frente a estos choques externos exige replantear nuestra base productiva. Es aquí donde la transición hacia los fertilizantes verdes emerge no solo como un imperativo ecológico, sino como una herramienta estratégica para blindar la rentabilidad, recuperar la soberanía agrícola y consolidar el liderazgo de nuestras exportaciones.

La viabilidad económica de la caficultura colombiana se encuentra estrechamente ligada al mercado internacional de insumos agrícolas. Históricamente, Colombia, y América Latina, presentan un déficit estructural en la producción de fertilizantes de síntesis química, según la iniciativa H2-diplo, alrededor del 80% de los fertilizantes nitrogenados que consume, cifra que sube al 90% para Colombia, son importados. Las aduanas nacionales registran que la gran mayoría de estos volúmenes provienen de regiones por fuera de América Latina, concentrándose en proveedores ubicados en Europa del Este, Norteamérica y Asia. Esta alta dependencia de mercados transcontinentales genera una presión constante sobre la balanza comercial del sector agroindustrial y expone a las agencias productoras y exportadoras a una alta vulnerabilidad frente a la volatilidad cambiaria.

Según H2-diplo, actualmente América Latina representa apenas el 6,4% de la producción global de amoníaco (NH3), además de contar con una mínima porción de plantas de urea, ninguna de las cuales se encuentra en Colombia. Durante el año 2022, la dependencia estructural de agroinsumos importados generó un profundo déficit comercial en Colombia, exacerbado por el pico histórico en las cotizaciones internacionales que elevó el valor de estas importaciones a la cifra récord de 1.193,3 millones de dólares, incrementando drásticamente la salida de divisas.

Riesgo Financiero

La dependencia de proveedores externos condiciona los costos de producción a coyunturas geopolíticas y logísticas globales. En años recientes, el mercado ha evidenciado cómo las tensiones internacionales y las disrupciones en las cadenas de suministro marítimo provocan choques de oferta severos.

Un ejemplo tangible de esta vulnerabilidad macroeconómica se materializó durante el año 2022, cuando la escalada del conflicto geopolítico entre Rusia y Ucrania detonó un choque de oferta sin precedentes en el mercado de agroinsumos. Al ser Europa del Este uno de los principales núcleos globales de exportación de gas natural y fertilizantes sintetizados, la disrupción de sus cadenas logísticas y las restricciones comerciales consecuentes provocaron una contracción severa en el suministro global. Entre Rusia y Bielorrusia aportaban casi el 20% de los fertilizantes elaborados a base de nitrógeno, fósforo y potasio. Además, Rusia suministraba el 16% de la urea mundial. Por otro lado, China, que exportaba cerca del 12% de los fertilizantes, cerró sus ventas al extranjero como medida para garantizas su provisión interna. Esta coyuntura se tradujo en un incremento exponencial y repentino en las cotizaciones internacionales de la urea y otros compuestos nitrogenados.

Para el sector agropecuario, esta dependencia de mercados transcontinentales inmersos en alta volatilidad geopolítica derivó en un encarecimiento inmediato de los costos de producción. Estas restricciones en la disponibilidad de urea y fosfatos se traducen en incrementos exponenciales en los precios internos de los fertilizantes, impactando directamente el costo por carga de café producida. Desde una perspectiva financiera, la incapacidad de controlar el costo de estos insumos primarios reduce los márgenes operativos del productor y transfiere presiones inflacionarias a toda la cadena de comercialización exportadora. Esto es evidencia de la necesidad estructural de diversificar las fuentes de suministro y explorar alternativas de fertilización locales para proteger el margen financiero del productor.

Impacto Ambiental

Más allá del riesgo financiero, la producción y el uso prolongado de fertilizantes tradicionales (basados en nitrógeno sintético) genera externalidades ambientales que hoy son objeto de auditoría en los mercados internacionales. La producción de la urea comercial requiere dos insumos fundamentales: nitrógeno, capturado directamente de la atmósfera, e hidrógeno, extraído de combustibles fósiles como el gas natural. La fusión química de ambos elementos da como resultado el amoníaco (NH3), el compuesto primario que posteriormente se transforma en urea.

El uso intensivo de estos químicos contribuye significativamente a las emisiones de gases de efecto invernadero. La producción global de amoniaco genera el 1% de las emisiones mundiales de CO2. En contraste, los fertilizantes verdes reducen drásticamente la huella de carbono del cultivo.

La Alternativa

La innovación estructural de los fertilizantes verdes radica en la modificación de la fuente de hidrógeno; en lugar de depender del gas natural, este modelo extrae el hidrógeno de moléculas de agua mediante procesos de electrólisis impulsados por energías renovables (eólica y solar). Esta transición tecnológica permite sintetizar el mismo amoníaco y la misma urea requerida por los cultivos, pero eliminando la dependencia de hidrocarburos importados y suprimiendo la huella de carbono asociada a su fabricación.

Esta transición agronómica resulta fundamental para alinear la oferta exportable colombiana con los nuevos estándares de sostenibilidad exigidos por bloques como la Unión Europea.

Para mitigar esta vulnerabilidad macroeconómica y ambiental, el país ha comenzado a estructurar iniciativas orientadas a la producción local de fertilizantes de nueva generación. A nivel industrial, destacan los proyectos exploratorios del sector energético colombiano para la producción de amoníaco verde a partir de hidrógeno renovable, lo que permitiría sintetizar fertilizantes nitrogenados sin depender de combustibles fósiles importados. La startup antioqueña Hevolución está desarrollando un proyecto pionero en Latinoamérica que busca producir fertilizantes verdes a partir de hidrógeno renovable. Por otro lado, la iniciativa Café Bajo en Carbono de Yara Colombia logra reducir hasta el 60% la huella de carbono del café gracias al uso de fertilizantes elaborados con energías renovables.

La transición hacia esquemas de fertilización sostenibles y la mitigación de los riesgos asociados a la importación de insumos son factores determinantes para proteger la rentabilidad del sector en la próxima década. Abordar la dependencia de los fertilizantes químicos y estructurar cadenas de suministro resilientes y adaptadas a las normativas ambientales globales serán temas centrales de discusión durante la 90.ª Cumbre Cafetera, que se realizará los días 5 y 6 de noviembre de 2026 en Cartagena, Colombia. Este escenario institucional brindará a los actores de la cadena exportadora las herramientas de análisis necesarias para anticipar los choques del mercado internacional y consolidar modelos de producción que garanticen la competitividad a largo plazo.

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Desarrollado por Cristian Pabón | Conecta en LinkedIn