Tras un primer trimestre en el cual la producción de café experimentó una caída histórica del 33,5% debido a la saturación hídrica prolongada, los modelos meteorológicos del IDEAM confirman una inversión radical en los patrones climáticos. La probabilidad de consolidación de la fase cálida ha escalado a un 82% a partir de mayo, con una trayectoria que apunta a alcanzar niveles del 90% hacia septiembre. Estas previsiones no solo sugieren un cambio de temporada, sino que los expertos advierten sobre la inminente formación de un “Súper El Niño”, un fenómeno caracterizado por anomalías en la temperatura superficial del mar Pacífico ecuatorial iguales o superiores a los 2,0 °C, equiparable a los eventos críticos observados en 1997-1998 y 2015-2016. Frente a esta transformación, surge una tensión fundamental para el ecosistema de exportación cafetera: ¿Esta transición climática impulsará una recuperación técnica del volumen de oferta o, por el contrario, profundizará la vulnerabilidad del negocio en términos de calidad y rentabilidad?
Probabilidad de El niño 2026-2027

Fuente: IDEAM
A diferencia de otras actividades agrícolas, el desarrollo de la caficultura en la región andina colombiana está estrechamente condicionado por la disponibilidad de luz. Durante los recientes eventos de La Niña, el exceso de lluvias y la constante reducción de la PAR – Radiación Fotosintéticamente Activa generaron un estado de asfixia en los cafetales, interrumpiendo el estímulo para la floración y derivando en la reducción actual de la oferta. En contraposición, las fases iniciales de El Niño ofrecen un entorno de déficit hídrico controlado y abundante luminosidad que reacondiciona el tejido floral de la planta. Esta condición estimula una mayor capacidad fotosintética que paradójicamente favorece al sector cafetero en el corto plazo. Los datos de Corficolombiana respaldan esta dinámica: mientras que el PIB del sector agropecuario crecería 0,5 puntos porcentuales menos durante los periodos de El Niño (cayendo de de 2,5% a 2,0%), el sector cafetero presenta un comportamiento positivo, aumentando su tasa de crecimiento del 2,4% en un escenario sin El Niño, hasta un 2,6% bajo este escenario.
El Punto de Inflexión: Estrés Hídrico, Rendimiento y Calidad de Taza
Si bien el estímulo lumínico inicial beneficia al cultivo, la prolongación de la sequía y la transición hacia un “Súper El Niño” generan un quiebre en la viabilidad agronómica y financiera. Cuando el déficit de agua coincide con la etapa crítica de expansión celular y llenado del fruto (entre el tercer y sexto mes posterior a la floración) el proceso metabólico se detiene. Esto puede desencadenar la proliferación de granos con defectos, arrugados de baja densidad y peso reducido. Esto altera de manera irreversible el perfil de taza que caracteriza al origen colombiano.
A la par de la degradación física del fruto, el incremento térmico dispara una alerta biológica crítica. El ciclo reproductivo de la broca del café es altamente dependiente de la temperatura. Evaluaciones indican que un aumento de apenas 1 °C por encima de los promedios normales acelera de tal manera la reproducción del insecto que permite el solapamiento de múltiples generaciones, elevando los niveles de infestación hasta en un 29% en zonas cafeteras ubicadas por debajo de los 1,200 metros de altitud. Además, la sequedad ambiental inhibe el desarrollo de hongos controladores naturales como la Beauveria bassiana.
Para el exportador y las centrales de trilla, los problemas derivados de los defectos en el fruto y el ataque de plagas afectan directamente el factor de rendimiento en el proceso de trilla y posiblemente, la utilidad de su negocio. A este desafío se suma que, durante el fenómeno de El Niño, puede presentarse el riesgo de una posible contingencia estructural energética; un escenario ante el cual conviene estar alerta, ya que el procesamiento de poscosecha en los grandes complejos de beneficio y trilla depende de un uso intensivo de energía eléctrica para operarla y la infraestructura de generación energética del país es, principalmente, hidroeléctrica.
Frente a la previsible inyección masiva de 71,4 millones de sacos por parte de Brasil al mercado internacional en 2026[1], la competitividad colombiana no puede sustentarse en la disputa por volumen de grano verde. Resulta esencial continuar esfuerzos en la competitividad de la calidad y la diferenciación del café colombiano. Asimismo, el aseguramiento de la trazabilidad estricta y el alineamiento anticipado con regulaciones ambientales europeas, como el EUDR, garantizará que los inventarios consolidados no pierdan su viabilidad de acceso a mercados maduros que paguen primas por sostenibilidad demostrada.
Una estrategia asertiva exige segmentar eficazmente el portafolio comercial, derivando ordenadamente los volúmenes (q) la industria internacional de extracciones solubles y saborizantes, garantizando el cumplimiento de normas sobre humedad y control de micotoxinas, logrando así monetizar una fracción del volumen que tradicionalmente se asumía como pérdida de proceso.
En el plano agronómico, las firmas proveedoras deben promover programas de asistencia orientados a ejecutar las labores de fertilización durante las ventanas intersecas, así como insistir en la recolección exhaustiva de los lotes para minimizar los reservorios intercosecha donde se aloja la broca.
Las proyecciones institucionales para el segundo semestre de 2026 apuntan a una mejora en la producción. Si bien esto marcaría una recuperación respecto a la primera mitad del año, poseerá una heterogeneidad que demandará extrema eficiencia logística y perfilación de calidad desde la compra. El sector exportador colombiano no solo debe navegar las disrupciones biológicas propias de El Niño, sino transformarlas a través de estrategias innovadoras en los canales de comercialización.
Estos lineamientos estratégicos, la gestión de proveeduría en tiempos de sequía y las herramientas de cobertura frente a la volatilidad cambiaria y climática, conformarán los pilares de la agenda de la 90 Cumbre Cafetera de Asoexport. Este espacio fundamental para el desarrollo empresarial se llevará a cabo en Cartagena los días 5 y 6 de noviembre de 2026, consolidándose como el escenario idóneo para que los líderes del sector tracen la hoja de ruta que asegurará la competitividad de la agroindustria frente al nuevo panorama global.